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Al ir al control con ultrasonido, el doctor se
dio cuenta de que algo andaba mal y me pidió que fuera al otro día
para darme el resultado, ya que quería examinar la grabación
detenidamente antes de darme un diagnóstico. Fuimos al otro día
y el doctor nos habló de la OI, nos enseñó libros en donde se
veían todos los tipos de casos, pero enseguida aparecía la gran
frase "no hay cura ni tratamientos comprobados para estos
casos".
Paul y yo buscamos otras opiniones y los médicos
nos dijeron que no podían darnos un diagnóstico hasta que mi
hija naciera. Hubo también quien nos dijo que en nuestro caso el
aborto era una opción, ya que al saber que la niña venía mal,
pues teníamos todo nuestro derecho. Paul y yo hablamos durante
toda una noche sobre lo que pensábamos y queríamos, los dos
creemos mucho en Dios y, a pesar de que teníamos mucho miedo de
enfrentarnos a lo que no conocíamos, decidimos continuar con el
embarazo e investigar sobre esta extraña "patología"
llamada OI.
Antes de que Ma. Paula naciera, decidimos
informar al ginecólogo, al pediatra y a todo el personal de la clínica
del riesgo con el que mi hija venia. Por ello no tuvo fracturas al
momento de nacer y su diagnóstico fue reconfirmado pocas horas
luego de su nacimiento.

Ma Paula y su hermano Emilio, en abril de 1997.
Desde ese momento comenzamos a averiguar qué
era la OI, pedíamos a todos nuestros familiares que viven en el
extranjero información, pero siempre era la misma: "no hay
cura"

Ma Paula, Emilio y Daniela. Junio de 1997.
Luego de su tercera fractura, y con el dolor
que no me dejaba ya ni respirar, encontré la OIF, la Fundación
norteamericana de OI. Inmediatamente nos hicimos miembros y
comenzamos a recibir mucha información, detalles de las
investigaciones que se hacían, relatos de personas con OI y sus
familiares, y esto fue para nosotros como un bálsamo.
Al poco tiempo de pertenecer a la OIF,
recibimos la invitación para el congreso americano de OI, Emilio
mi hijo había muerto pocos meses atrás y Paul quería que fuéramos
los 4. Yo estaba devastada por el dolor y le dije a Paul que fuera
con Daniela, yo quería quedarme en casa con Ma. Paula e ir
asimilando todo lo que estaba pasando. Creía que era una
pesadilla, y por más que lo intentaba, ese sentimiento no se iba,
pensaba que en cualquier momento vería a mi hijo entrar corriendo
y gritando mi nombre, pero no, eso ya no pasaría.
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